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Retornar al huevo

Fondo de playa - Retornar al huevo

Retornar al huevo

Ayram corría descalza por las floridas praderas de Oniria, con su largo cabello oscuro ondeando al viento y el sol tibio sobre un cielo profundamente azul acariciándole la piel. Abrió los brazos y una leve brisa la llevó flotando hasta las colinas cercanas. Acompañaron su vuelo libélulas gigantes de alas iridiscentes y aves de plumajes multicolores que solo había conocido en las holoproyecciones de la escuela. Desde lo alto de la colina oteó el mar. La arena brillaba al sol y las olas iban a morir a la playa en explosiones de blanquísima espuma. Se detuvo un momento a escuchar el rumor de las olas. Aspiró con deleite la brisa marina y se dejó caer flotando suavemente hacia la playa. Luminoso como Febo Apolo vino hacia ella su amante, la tomó suavemente de las manos y con voz solícita le hizo las preguntas y demandas de siempre.

—¿Dónde habías estado en toda la eternidad, que nunca pude encontrarte?¿Me amas? Dí que sí, y tendrás Oniria a tus pies. Dí que sí, y quédate en Oniria por siempre—. Ayram le sonrió y se dejó llevar en sus fuertes brazos. Se tendieron sobre la arena tibia. Y se amaron, mientras los seres fantásticos de Oniria celebraban aquella fiesta de los sentidos.

 

Ingrávida y desnuda, Ayram flotaba en posición fetal dentro de la cápsula, bañada en una solución cuidadosamente regulada que mantenía su temperatura corporal, el balance de iones y nutrientes y el flujo de oxígeno a sus pulmones. En su habitáculo de 3 metros cuadrados, a cientos de metros de profundidad bajo la superficie del planeta, en las colmenas humanas del Complejo 248, Ayram mantuvo los ojos cerrados con obstinación, tratando de retener las últimas sensaciones de Oniria, mientras la difusa claridad del habitáculo aumentaba a medida que el ciberasistente la sacaba de sus sueños. Finalmente abrió los ojos, y con una sensación de abatimiento, se sentó en el piso de la cápsula, sintiendo como el líquido corría entre sus piernas y se vaciaba sin ruido. Una leve sensación de frío estremeció su cuerpo al elevarse la tapa superior de la cápsula. Ayram se puso en pié y la abandonó con los movimientos ligeramente torpes del despertar reciente. El ciberasistente absorbió los restos de líquido de su piel. Completamente vacía, la cápsula se plegó silenciosamente sobre la pared.

Ayram flotando
Crédito de la imagen: Foto tomada de muyinteresante.es

—Buenos días doctora Ayram. Son las diecinueve horas del día 23. Ha dormido usted más de 36 horas seguidas—saludó el ciberasistente—. Su superior ha intentado contactarla un par de veces y CBD-2.15 la ha llamado varias veces, cada día. En su consola hay 23 comunicaciones nuevas de la Corporación y se han agregado varias solicitudes a su agenda—. La voz la siguió por el minúsculo habitáculo, mientras Ayram iniciaba con desgano una rutina de gimnasia zen y el espacio se ensanchaba y se iluminaba con la proyección holográfica de bosques y llanuras hiperreales sobre las paredes.

 

Al terminar, secó con una esponja las ligeras gotas de sudor de su frente y cuello. El asistente le entregó una delgada túnica, que Ayram deslizó por sobre su cabeza rapada, y que se pegó como otra piel a su esbelto cuerpo. No tenía hambre, pero consciente de que cada gesto y cada acción suya eran registrados por el asistente, ordenó una mezcla de aminoácidos y minerales, dispensada de inmediato a través de una diminuta escotilla. Sorbió la papilla sin emoción. Activó con la palma de su mano la consola y escuchó en la voz del asistente los mensajes acumulados. Se dispuso a responder los mensajes marcados como urgentes, cuando la interrumpió el zumbido del visófono. Ayram cortó la llamada al ver en el identificador las credenciales de CBD-2.15, pero nuevos y apremiantes zumbidos la obligaron a contestar.

 

Ayram y CBD-2.15 tenían un acuerdo, nunca declarado, como pareja estable. Incubados en el mismo lote, habían crecido juntos en los kindergarten de la Corporación. Los habían separado a los siete años, cuando los cibertutores detectaron el incipiente y poderoso talento intuicionista de Ayram, en tanto que el racionalismo de CBD-2.15 lo decantó hacia la ingeniería. Siguieron buscándose durante los recesos, y al dejar atrás la niñez se emparejaron con la mayor naturalidad. Solo dejaron de verse un par de años, mientras Ayram terminaba el doctorado y CBD-2.15 hacía prácticas en la plataforma orbital. Cerca de cumplir los 14 años fueron oficialmente asimilados como miembros productivos del Subsistema Técnico y Científico, y se incorporaron a sus rutinas de adultos.

 

Entonces, sin poder precisar el momento exacto, Ayram había empezado a experimentar un cansancio que no era propiamente físico. Tumbada en su lecho, en la negrura sin tiempo del habitáculo, los ojos abiertos, sentía retumbar en su mente el latido sordo, monocorde del Complejo, viniendo de todas partes, y de ninguna. Encontraba cada vez menos placer en su trabajo como destacada científica. Le pesaban las expectativas que el Subsistema había depositado en ella y la inversión en su educación, que ahora debería retribuir con años de trabajo para la Corporación. Intuyendo oscuramente las causas, CBD-2.15 sentía como suya la tristeza de Ayram y desesperaba por comprender. Descartadas las razones fisiológicas, entraron en tratos con Somnia, y fue así como Ayram tomó en alquiler una cápsula de sueño  —no estaban a la venta—, y se hizo implantar en lo profundo del encéfalo los microelectrodos que según la proclama de Somnia le permitirían inducir y programar un sueño profundo y reparador.

—Buenos días 2.15. Recién me despierto… ¿qué es tan urgente?

—Estaba preocupado Ayram. Hace tres días que no se conecta a su consola. Llamé varias veces… Han pasado dos semanas sin que nos veamos.

—Ya sabe  2.15, tengo muchas responsabilidades en el proyecto de Campos G—. A través del visófono CBD-2.15 percibió la tristeza en el rostro de Ayram y el cansancio en su voz.

—Su asistente dijo que dormía ¿Por qué no quiere verme? Desde que instaló la cápsula solo quiere sumergirse en su mundo de sueños.

—Duermo mejor 2.15 ¿No era eso lo que estaba necesitando? ¿No se dolía usted de mi permanente cansancio?

—Escapa de la realidad cuando entra en su cápsula de sueño Ayram, pero no la siento más feliz, ni es más productiva. Ya casi no la veo. Empiezo a creer que lo de Somnia no ha sido una buena decisión, y en cuanto a mí, estoy cada vez más solo. 

—Entonces, no hay solución 2.15. Emparéjese con una racionalista. No me busque más…— Ayram cortó bruscamente la comunicación. Sentía un cansancio infinito y la necesidad urgente de flotar, dormida, en su cápsula.

 

El rostro de CBD-2.15  se perfiló en la placa del intercomunicador. Estaba en la entrada del Complejo y preguntó con voz insegura si podía verla verla.

—Estoy muy ocupada 2.15—, dijo Ayram con fingida severidad­— tal vez sea buena idea que no nos veamos por un tiempo.

CBD-2.15 dio un paso atrás y Ayram pudo ver su figura completa. Tenía las manos en la espalda y su aire desamparado la conmovió. Levantó las manos hacia ella. Sostenía un ramo de flores.

—Hidropónicas. Escogí sus favoritas…

—¿Qué ha hecho Ceb? —Todo rastro de irritación hacia CBD-2.15 desapareció de pronto ­—Es usted un loco… habrá gastado hasta su último crédito.

 

CBD-2.15 dormía a su lado. Ayram espió su suave respiración y le acarició los cabellos ensortijados. Él jamás entendería su determinación, pero la siguiente vez que entrara al saco amniótico, sería también la última. Haciendo valer sus derechos legales, había cedido a la Corporación Somnia sus ahorros y derechos sobre algunas patentes industriales que había contribuido a desarrollar. La siguiente vez que entrara al huevo se completaría la transferencia de su mente y sus recuerdos a un chip de silicio. Su conciencia pasaría a residir como una entidad virtual en Oniria. Su metabolismo se detendría y la Corporación se encargaría de desintegrar su cuerpo inerte. En la negrura infinita del habitáculo, mantuvo los ojos obstinadamente abiertos. Lágrimas ardientes rodaron por sus mejillas al pensar en Ceb… —Ya se las arreglará—, se dijo— es un racionalista.

 

A ella la esperaban Febo Apolo, y una vida eterna en un mundo luminoso llamado Oniria.

El sueño - Salvador Dalí
Figura 1. El sueño, obra del pintor catalán Salvador Dalí. Los surrealistas encontraron fuente de inspiración para su obra en la materia de los sueños. Imagen tomada del sitio web: Pinturas surrealistas cubistas, simbolistas y expresionistas.
ELECTROFISIOLOGÍA - FRANKLIN MORENO
Franklin Moreno-Vélez
PhD Ciencias

Sobre el autor:

Soy profesional en Ciencias Naturales, con experiencia como docente e investigador. Desde hace 15 años, estudio la composición y propiedades de los venenos de varias especies de escorpiones del Valle del Cauca, mediante técnicas cromatográficas, proteómicas y genómicas.